Adela Utrera: Una soñadora con armas de mujer

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De chica me decían Antoñita la fantástica / Mamé el derecho de mi padre, que cantaba los temas de noche al lado de mi cuna / En la facultad era muy activista y lo sigo siendo / Una mala experiencia me llevó a defender a las mujeres maltratadas / Fui la primera que saqué oficialmente un trono en Málaga / Casi siempre consigo lo que me propongo

Adela Utrea: Abogada y responsable del servicio urgente de asistencia a mujeres maltratadas del Ayuntamiento de Málaga. AL entrar en su despacho un cuadro de la Inmaculada Concepción llama poderosamente la atención porque tiene tres agujeros. «Son heridas de guerra, mi abuelo materno, que era arquitecto, realizó un proyecto en un monasterio sin cobrar y se lo regalaron las monjas. Los rotos son puñaladas o disparos que se produjeron en los disturbios del 31. Tiene tanta historia que no lo he querido restaurar». E historia es precisamente lo que tiene la familia de esta malagueña con desparpajo gaditano, heredado de su abuela materna, que vio la luz el 30 de octubre de 1965. Su toga de abogada, de «guerrillera», como a ella le gusta decir, reposa sobre una silla de su despacho. Fotos de su padre y su madre inundan una de las mesitas, y las de sus tres hijas tienen el protagonismo de una estantería cargada de libros.

Su padre, Cayetano Utrera, del que ella dice muy orgullosa que es un prohombre de la ciudad, llegó a ser alcalde de Málaga cuando ella tenía cinco años. «Fíjate, estaba bailando la reja con mi tía y me llamaron para que fuera al Ayuntamiento a recibir a los por entonces príncipes de Asturias (don Juan Carlos y doña Sofía). Me dijeron lo que tenía que decir, pero el príncipe se saltó el protocolo y me espetó: «¿Para mí no hay un beso?» Y yo contesté muy dicharachera: «Digo, y dos». Y ahí hubo carcajadas generalizadas. Esa infancia marcó su vida. Y todo lo que ha ido haciendo ha tenido una repercusión mediática. Digamos que ella no nació para pasar por este mundo sin pena ni gloria. Y además lo sabe: «Cada vez que hago algo la lío. Soy una mujer que despierto filias y fobias». Ya en su casa, de niña, sus padres le decían que era Antoñita la fantástica. Hoy (jueves) viene acelerada del programa de Canal Sur, ‘Mira la vida’, del que es colaboradora desde hace siete temporadas, algo que ha hecho en otros medios.

Estudió en el colegio de Las Teresianas, del que guarda un grato recuerdo, y Derecho en la Universidad Central de Barcelona, a donde a su padre lo destinaron como registrador de la propiedad, y la Complutense de Madrid, donde se fue a vivir con su abuela materna. Su vida está rodeada de mujeres: sus dos hermanas, Fátima y Cayetana; sus tres hijas: Ana, Adela y Alejandra, con las que comparte un nombre capicúo (empiezan y acaban por ‘a’); y sus tres compañeras de despacho. Dice que es supersticiosa y cree en los sueños. «Hace poco soñé que se me caían cuatro dientes y se murieron cuatro tíos míos».

Le encantan los toros, la Semana Santa y una buena conversación alrededor de una mesa. Digamos que es una fantástica interlocutora y que su mirada, la de unos ojos color miel, rezuman intensidad, casi magia. No en vano, despierta muchas pasiones entre los hombres. Pero ahora está separada y sin compromiso. «Tengo tan idealizado el amor, que creo que por eso no me sale bien. Además, soy un alma libre», puntualiza.

Hace unos años marcó un antes y un después en el mundo cofrade. Fue la primera mujer que sacó oficialmente un trono en Málaga, no sin antes provocar un enorme revuelo en la Cofradía de Mena, que se reunió en Asamblea General para ver si le daban el visto bueno. Desde entonces no ha faltado a la cita y el próximo año será el sexto. Le dije a mi padre: «Papá voy a tallarme». Y él me contestó jocoso: «¿Qué vas a hacerte un traje a medida?».

Cuando murió su madre hizo un descubrimiento. Siempre que sus hermanas o ella pedían algún capricho, su madre les decía «no hay pesetitas». En su sepelio, muchas personas se dirigieron a ella así: «Tú no me conocerás, pero tu madre me ayudó a… poner una panadería, a mandar a mis hijos al colegio…». De su progenitora aprendió que en la vida hay que hacer cosas por los demás. Esto sumado a una «mala experiencia personal» le llevó a ayudar a las mujeres maltratadas a través del SUAMM del Ayuntamiento de Málaga, del que es responsable. De su padre mamó el derecho cuando él cantaba los temas por la noche al lado de su cuna. «Yo era un bebé noctámbulo», dice risueña. Aún así quiso ser médico porque le apasiona este mundo, pero llevaba el Derecho en las venas, así que lo aprovechó. «Cuando empecé a hablar, mi padre me decía: A ver Adelita, el registro de la propiedad, y yo con lengua de trapo lo repetía».

Su reciente paso fugaz por el mundo de la política (fue candidata a senadora por el PP) no le ha dejado mal sabor de boca. «Soy una buena encajadora. Me quedo con lo bueno: la gente me invitaba a puchero en sus casas; he sentido muy de cerca el cariño». Su vida es intensa, «de culebrón», como dice esta mujer vitalista, apasionada e inagotable.

Adela Utrera
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